Una iglesia que no olvida su llamado



“Yo conozco tus obras; he aquí he puesto delante de ti una puerta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probara los que moran sobre la tierra.” (Apocalipsis 3.8 y 10)


Tal y como el salmista lo señala (Sal 119.118), la palabra nos ilumina cual faro en una noche oscura. Y el testimonio que Cristo mismo da sobre la pequeña y fiel iglesia de Filadelfia, una iglesia en avivamiento del tiempo del fin, describen el testimonio y el anhelo de nuestra congregación: ser hallados fiel a nuestro llamado cuando nuestro Señor regrese. Sin duda, es un gran desafío y requiere una búsqueda incesante del Señor, junto a una revisión permanente de nuestros motivos y objetivos. Sobretodo a la luz de los efectos de esta pandemia que hoy el mundo atraviesa y que ha provocado un escenario nunca antes visto en nuestra historia moderna.


El factor común a nivel mundial es la inseguridad. No existen verdades absolutas sobre esta enfermedad, su real impacto, su origen, su alcance, su patogenia. Las fórmulas propuestas por las naciones no han surtido el efecto deseado y el temor ha conquistado terreno que antes ocupaba la normalidad cotidiana. Es en este escenario que la iglesia del Señor debe tomar una decisión: cerrar los templos para con ello cesar toda actividad congregacional o cerrar los templos pero impulsar nuevas y creativas formas de trabajo con el afán de llevar a cabo la labor encomendada. Esta última ha sido nuestra decisión y más que nunca hemos sido desafiados y confrontados. El resultado ha sido un tiempo de avivamiento espiritual; en cada hogar ha surgido un compromiso con la escritura y la santidad mediada por el Espíritu de Dios en la vida de sus hijos. Mas que nunca hemos sido conscientes de la dependencia absoluta de Dios y de la insignificancia humana. La iglesia ha comprendido que una luz en la noche no puede ser escondida (Lc 11.33).


Nuestro principal quehacer se ha dado en el ámbito de nuestra adoración a Dios en cuanto a nuestro culto racional (Ro 12.1). Hemos impulsado un programa familiar de cultos periódicos y coordinados en nuestros hogares en donde la familia se reúne para ofrendar sus corazones en memorables momentos de cánticos, oraciones congregacionales y lectura de la Palabra de Dios que vitalizan y direccionan el corazón humano a rendirse frente a su creador. A estos cultos, se suman momentos donde cultivamos nuestra comunión congregacional mediante el desarrollo de cultos online, por diversas plataformas digitales, llevando al corazón de las familias de la iglesia momentos de alabanza y exaltación a Dios. Son éstas instancias de gran crecimiento pues la palabra de Dios llega a bendecir vidas dependientes de la obra de Dios en ellas. Un arduo trabajo encabezado por nuestro Pastor y que permite de manera secundaria, fortalecer los lazos de comunión y hermandad de una iglesia acostumbrada a trabajar rodeada de una fraternidad y cercanía que hoy cuesta un esfuerzo doble lograr.


A este trabajo se suma el quehacer constante y amplio de las mujeres de la iglesia. Nuestra Pastora encabeza la clase de Dorcas, con el mismo formato online, que de forma semanal se constituye como un espacio de adoración, comunión y crecimiento en torno a la Palabra de Dios.


La necesidad de crecer sostenidamente en la Palabra de Dios, como un ancla firme, sobretodo en tiempos de crisis, es abordada por el desarrollo semanal de nuestros Estudios Bíblicos y las Escuelas Dominicales. Semanalmente nos reunimos en torno al estudio de las Sagradas Escrituras para desarrollar un estudio sistemático de ellas, siguiendo un plan que nuestra iglesia Unida determina para todas las congregaciones. Esta actividad es la antesala para que cada domingo por la mañana diferentes clases, segmentadas por edades, desarrollen sus clases de forma virtual y participativa, lo que culmina con un momento congregacional de reflexión y exaltación a Cristo de forma remota, rememorando nuestras hermosas Escuelas Dominicales que nos han bendecido por generaciones.


Paralelamente, los grupos de la iglesia desarrollan nutridos programas. La juventud sostiene programas variados que involucra el desarrollo de dones, la evangelización, la comunión, el servicio y el crecimiento en la Palabra de Dios. De igual forma lo hace el grupo de niños, que con dinamismo acercan a cada familia un plan de trabajo con sus hijos, para fortalecer su crecimiento integral, en donde un lugar importante lo ocupa Dios y su mensaje. Ya mencionamos el trabajo de las damas a quienes se suman el grupo de CMVida mujer, quienes además del ya mencionado trabajo de adoración, sirven en el ámbito social apoyando los programas de la obra del Señor. La música tampoco se descuida, teniendo el coro un quehacer constante en la preparación de alabanzas y repertorios para la exaltación a Cristo. En paralelo nuestros hermanos varones han sostenido un trabajo de mejoras y desarrollo de nuevos proyectos en el ámbito de la infraestructura de la iglesia , preparándonos para nuestra vuelta al Templo. Variadas áreas en donde hemos visto el alto compromiso y el real compromiso con Dios de toda su iglesia. Un ejemplo son los permanentes programas de oración, desarrollando cadenas de oración periódicas con la participación de las familias de la iglesia quienes con alto compromiso se disponen a batallar de rodillas.


Un aspecto relevante ha sido el constante trabajo social, con un voluntariado permanente que ha coordinado múltiples campañas de ayuda, que nos permite llegar a decenas de hogares con una mano de ayuda, en tiempos donde la pandemia ha dejado una estela no solo en el ámbito de la salud, sino en las condiciones socioeconómicas de las familias.


El trabajo también ha apuntado hacia los sectores alejados de la ciudad en donde nuestra iglesia tiene representación. Hasta allí un equipo de predicadores de la palabra ha buscado estrategias para permanecer en contacto y atención del pueblo del Señor.


A este trabajo visible se suma un trabajo aparentemente inadvertido, pero de gran relevancia para Dios, que es la labor pastoral de nuestros pastores hacia la grey. Son tiempos donde se ha requerido un esfuerzo redoblado para asistir espiritualmente a la iglesia, y este trabajo ha sido llevado adelante con gran entrega y vocación por parte de nuestros Pastores.


Día a día se multiplican las labores y desafíos, y en su conjunto solo nos hacen honrar a Dios por ver una iglesia que no se detiene frente a la adversidad, sino muy por el contrario se decide a avanzar. Hemos comprobado que la victoria dada por el Espíritu es nuestro principal capital y nos volvemos día a día más dependientes de él. A Dios nuestro reconocimiento por su voluntad perfecta; estamos convencidos que un día, cenado este tiempo se acabe y veamos cumplirse los tiempos de Dios, miraremos hacia atrás y reflexionaremos sobre la perfección de los planes de Dios, que nos hizo pasar por tiempos de enfermedad para disfrutar de su gloria inigualable. A este Dios soberano tributamos todo honor y gloria.


“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Romanos 12.2


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