CRÓNICA: UNA MIRADA A LA PANDEMIA POR COVID - 19


Los grandes asesinos de la historia humana son las bacterias y los virus, y en concreto los que han provocado las grandes epidemias de la historia. El sarampión, que acabó con más de 200 millones de personas, o el virus del sida o VIH, que ha matado a más de 35 millones. No obstante, la humanidad no había sido testigo en tiempos modernos de una enfermedad de tan vertiginoso avance y que afecta a alrededor de 200 naciones de forma simultánea. Los medios de comunicación nos han permitido ser testigos directos de los nefastos efectos de esta pandemia alrededor de todo el planeta.


Desde que el coronavirus COVID-19 fue detectado en Wuhan, China en diciembre de 2019, muchos han sido los esfuerzos científicos y gubernamentales por detener su avance y aminorar sus efectos, siendo hasta este minuto infructuoso. Todo indica que tendremos que esperar bastante tiempo más para ver alguna vacuna contra esta enfermedad.


No conocemos aún el alcance de esta crisis sanitaria en el mundo, ni en particular en nuestro país Chile. Sin embargo, es evidente el gran daño económico que traerá consigo, producto de la paralización de las actividades productivas. Los expertos no ven distante un fenómeno de recesión económica, que se traduce en crisis financiera para las naciones.


No obstante, debemos comprender este fenómeno desde una cosmovisión cristiana, pues como Jesús lo señaló: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8.12). Nuestra interpretación de los sucesos mundiales deben ser entendidos a través de la escritura, una palabra firme, que se sostendrá aun cuando la tierra y el cielo dejen de ser.


Primero, debemos reflexionar que estos acontecimientos que nos golpean, no sorprenden a Dios, sino muy por el contrario están profetizados en la Escritura. Sin ir mas lejos, cuando preguntaron a nuestro Señor Jesús por el tiempo de su regreso, él señaló que, si bien no conocemos ni el día ni la hora, sí distinguiremos los tiempos, que estarán caracterizados por desordenes naturales y profusas guerras. Mateo 24.6-8: “Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores.”


Debiésemos reflexionar como pensamiento supremo, que estas señales atestiguan del regreso de nuestro Señor. Nuestros consuelo y fortaleza no debiesen provenir de promesas terrenales, sino de nuestro destino eterno, que entendemos, esta cada vez más cercano.


Segundo, y relacionado con lo anterior, debemos entender que todas estas calamidades preparan el escenario para el surgimiento del anti Cristo y su gobierno mundial. No han sido pocas las voces que se han levantado hoy señalando la necesidad y conveniencia de un gobierno mundial para enfrentar este tipo de caos. Otros señalan la necesidad de poseer una identificación única personal, un marca, que nos permita ser más efectivos en momentos de crisis. Todo cristiano conoce que son elementos característicos de los últimos 7 años de la humanidad tal y como la conocemos.


Tercero, esta crisis tiene el potencial para preparar en avivamiento a la iglesia de Cristo frente a su inminente regreso. Reflexionemos cuánta bendición ha traído a nuestras familias el buscar al interior de nuestro hogar la presencia del Señor. Es más fácil hoy comprender, por qué los grandes avivamientos de la historia se han producido subsecuentes a grandes catástrofes y epidemias. El corazón por esencia orgulloso del hombre reconoce su fragilidad y limitación. Se humilla y se vuelca a buscar a Dios con sinceridad. El resultado es santidad para esa iglesia, el Espíritu del Señor actuando soberanamente sobre grandes y pequeños.


Son muchas más las conclusiones que iremos extractando en el transitar de esta crisis, pero todo cristiano debe mantenerse firme en su confianza en Dios, creyendo que Dios reina con soberanía.


“Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.” (Nahum 1.7)


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