Miércoles, 10. Marzo 2010

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Escrito por Administrator   
Sábado, 06 de Febrero de 2010 00:36

   EL PLAN DE SALVACION PARA EL HOMBRE

 

 

   

 

                 

 

¿Como ve usted a Dios? Como un anciano distante y tan viejo que es incapaz de dejar su trono y tendernos una mano en nuestras vidas,  o tal vez le han dicho que es un hombre joven pero aun sigue clavado en una cruz.  Es más, es posible que lo vea como un niño caprichoso, que nos creo y luego nos dejo en este planeta a nuestra propia suerte. A través de estas líneas es nuestra intención que comprenda que nunca hubo ni habrá alguien mas preocupado de lo que le acontece; si el escogió los clavos y no bajo de aquella cruz fue por amor.

 

         La Biblia narra en sus líneas una sencilla historia.

 

 

“Dios hizo al hombre. El  hombre rechazó a Dios. Dios no se dará por vencido hasta que traiga al hombre de vuelta a él, con sus afirmaciones atronadoras y su toque suave, nunca yendo donde no lo invitan, pero una vez invitado, nunca se detiene sino hasta finalizar, hasta que se haya hecho una decisión. Dios susurrará, Gritará, tocará y forcejeará. Nos despojara de nuestras cargas; si hay mil pasos entre él y nosotros dará todos, menos uno. A nosotros nos corresponderá dar el paso final.  La decisión es nuestra.

                                                                             

En su vida es posible que haya tomado malas decisiones. Equivocarse al escoger los amigos, su trabajo o las relaciones amorosas. Probablemente mire su vida y diga: “si pudiera…..cambiaría muchas cosas”. La Biblia dice que ¡sí  puede! Una buena decisión  para la eternidad compensa miles de malas decisiones hechas en nuestra vida.

 

Es nuestro deseo que hoy pueda tomar una buena decisión. A continuación encontrará cuatro pasos que le ayudarán a cambiar de rumbo y reconciliarse con Dios. 

 

4 pasos, 4 Verdades

 

Basados en que Dios ama al hombre y a la mujer, y Su plan siempre ha sido paz y vida para ellos, les presentamos los siguientes puntos, utilizando los colores para ilustrar los conceptos.

 

 

 

 

 
 

 


      El color NEGRO representa el corazón lleno de pecado y, por lo tanto, separado de Dios. Simboliza la muerte y el dolor.

 Romanos 3:23; 3:12.

 
 

 


        El color ROJO simboliza la sangre de Cristo al morir en una cruz.

Aceptar su sacrificio nos permite recibir el perdón de Dios y reconciliarnos con Él.

 Romanos 5:8-9; 1 Juan 1:7.

 
 

 


         El color BLANCO significa que así como mi corazón está negro por el pecado, cuando me arrepiento, recibo a Cristo y acepto Su sacrificio. Mi corazón se transforma en blanco como la nieve porque Dios lo rehace a través de Su Hijo y perdona mis pecados pasados.

Juan 1:12; Salmos 51:7; Juan 14:6.

 
 

 


         El color VERDE simboliza mi nueva vida en Cristo. Es una etapa de crecimiento en la vida cristiana y de seguridad de salvación.

1 Juan 5:12-13; Juan 10:27-28.

 

Paso #1: Todos somos pecadores

 

El color NEGRO simboliza la vida llena de pecado. Desde el principio de los tiempos, el ser humano utilizó la libertad con que Dios lo creó para apartarse de El y violar Sus leyes.

La palabra pecado tiene dos traducciones literales: una es errar al blanco y la otra es transgredir o traspasar una línea marcada.

Dice la Biblia en una carta que el apóstol Pablo escribió a los cristianos de Roma: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” (Romanos 3:23).

En el principio, el hombre y la mujer pecaron, traspasaron la línea marcada por Dios. Así, toda la humanidad está manchada por ese pecado original. Por eso, de forma natural, el ser humano se inclina  a hacer lo malo.

Si usted se cree malo por las cosas que ha hecho, déjenos decirle que aún es peor de lo que cree. Y si usted se considera bueno porque siempre ha llevado una vida piadosa, déjanos decirle que a pesar de parecer bueno y refinado moralmente, es malo. El apóstol Pablo nos dice en Romanos 3:12: “Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”

Estos deseos naturales de hacer lo malo nos llevan a transgredir las líneas marcadas por Dios. La Biblia declara: “Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado siendo consumado, da a luz la muerte.” (Santiago 1:14-15).

 

Paso # 2: Cristo murió por nosotros

 

 Leemos en Romanos 5:8-9: Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.”  

El color ROJO significa la Sangre de Cristo. San Juan escribió en 1 Juan 1:7: “La sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.”

¿Por qué la SANGRE?

Porque según la antigua ley, sólo un sacrificio que involucre sangre, es decir, el concepto de la vida misma, es aceptable para conseguir el perdón.

Porque ya no es la sangre de un animal que los antiguos sacrificaban. Y porque ahora es la vida del Hijo de Dios, puesta en sacrificio, ya no es necesario repetirlo. Una sola vez Jesús murió por usted y ahora ese sacrificio (si lo acepta) es válido para que Dios le perdone.

La victoria no está sólo en su muerte por usted, sino en que luego, RESUCITÓ y hoy está vivo para seguir ayudándole a vivir de acuerdo a Sus reglas, que siempre son las mejores para nosotros, porque somos sus criaturas y nadie mejor que el fabricante para saber qué es lo mejor para lo que creó.

Dice la Biblia en 1 Corintios 15:3-4: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las escrituras.”

 

Paso #3: Recibo a Cristo en mi corazón y acepto su sacrificio por mí


El color BLANCO representa el corazón limpio. Leemos en Salmos 51:7: Lávame, y seré más blanco que la nieve.”  

Cuando una persona se arrepiente, cree y acepta el sacrificio de Jesús, Dios le perdona y le acepta como hijo. El apóstol San Juan escribe en Juan 1:12: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”

Aceptar a Cristo es aceptar, en un acto voluntario, la obra redentora de Jesús, que nos une nuevamente con Dios y nos salva de las consecuencias del alejamiento.

Aceptar a Cristo es pedirle a Cristo Jesús, en un acto de fe, que entre a lo más profundo de nuestra vida y Su Espíritu renueve nuestro ser interior. Aceptar a Cristo es algo personal, porque ninguna otra persona puede hacerlo por usted. Aceptar a Cristo es arrepentirse de vivir alejado de Dios y de sus consecuencias. Aceptar a Cristo es algo único, porque, de acuerdo con la misma Palabra de Dios, aceptar a Cristo es encontrar el único camino para llegar a Dios mismo, a su perdón y a la vida abundante y eterna.

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (San Juan 14:6).

 

 Paso #4: Soy Salvo y comienzo a crecer en mi nueva vida


El color VERDE simboliza que ahora que aceptó a Cristo y su sacrificio por usted, es salvo. Dios ya no le ve tal cual es, sino que le ve perdonado a través del sacrificio de Jesús. Comienza a crecer en una nueva vida con esperanza, con un motivo, con un norte al cual dirigirse.

La Biblia dice en 1 Juan 5:12-13 “El que tiene al Hijo, tiene la vida; l que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”      En San Juan 10:27-28, Jesús le dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.”

 

         Si usted ha llegado a este punto anhelando que estas cuatro verdades se reproduzcan en su vida, sólo necesita decírselo a Dios.

 

 

 

ORACIÓN DE ARREPENTIMIENTO

 

 

Padre celestial, reconozco que soy pecador(a). Me arrepiento de mis pecados. Creo que Jesucristo murió por mis pecados, que resucitó de la tumba y que vive para siempre. Le abro la puerta de mi corazón y de mi vida, y recibo al Señor Jesús como mi Salvador. Deseo que El sea el Señor de mi vida. Gracias por salvarme. En el nombre de Jesús, amén.